Las comparsas recorren las calles al ritmo de sartenes, cazos y melodías tradicionales, llenando la ciudad de sonido y color.

Vestidos como antiguos caldereros húngaros, los participantes desfilan por el centro y los barrios, creando un ambiente festivo que contagia tanto a donostiarras como a visitantes. La música, el humor y la participación popular convierten esta jornada en una cita imprescindible del invierno.

Los Caldereros son tradición y el pistoletazo de salida a unas semanas llenas de celebraciones en la ciudad.